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Wallace Roney, el mayor espectáculo del jazz en Granada

Un teatro Isabel lleno completamente supo apreciar con una gran ovación el trabajo del trompetista del instrumento azul

Tras su paso por varios programas de los festivales granadinos, siempre asociado a proyectos donde el nombre de Miles Davis figuraba en cabecera, es normal que los aficionados tiendan a asociar al trompetista Wallace Roney con él, quien de hecho fue un líder del músico más joven y su mentor. Pero aunque el trabajo de Roney a veces recuerda aspectos del lirismo de Davis, se extiende mucho más allá de tales influencias. Su concierto en el Festival Internacional de jazz de Granada sirvió para demostrarlo y además traer por primera vez en esta semana la esencia de un jazz con pedigrí de raza pura. Y un teatro Isabel lleno completamente supo apreciar con una gran ovación el trabajo del trompetista del instrumento azul.

El Festival Internacional de Jazz de Granada está organizado por el Ayuntamiento del Ciudad junto con él Área de Cultura de la Diputación y la Obra Social de la Caixa.

Con un cuerpo ya pesado y siempre gafas de sol, Roney se presentó en Granada con un quinteto en el que sorprendía en primer lugar la presencia de un saxofonista de diecisiete años, Emilio Modeste, dándole la réplica con el tenor sin ningún itpo de complejo. A la derecha estaba su habitual Eric Allen con sus singulares maneras de tocar, casi enroscado en su instrumento, y viviendo cada nota como si fuera la última. Tras él uno de los bajista más sólidos y reconcentrados que hemos visto en Granada y al que recordamos con Betty Carter y Barry Harris, siempre solvente y dejando caer graves con una rara facilidad, Curtis Lundy; y a la izquierda el pianista Oscar Williams, que aportó al grupo una gracia y una ligereza pianistíca a veces necesaria. Metido en materia de una suerte de Hard Bop robusta, el grupo ofreció el grado de densidad que anhelaba el otro día el hijo de Clint Eastwood.

Rodney ejerció de líder y cicerone, por mentos pareciendo acaso una estrella invitada de su propio grupo, ya que daba la entrada, exponía los temas con el saxofonista y desaparecía hasta el siguiente cambio de turno. En su parte mantuvo el tono en tiempos rápidos y muy rápidos, con un toque liso y afilado en las baladas, una voz muy Miles pero también de su admirado Clifford Brown. Aunque puesto a hacer un homenje escogio ‘Elegy’ del quinteto que organizó Herbie Hancock en recuerdo del príncipe de las tienieblas y como epílogo ‘Dont’ Stop me now’ otra que tal. Sin buscar ninguna espectacularidad, su concierto fue el mayor espectáculo del jazz.

Sábado, 11 de noviembre
Ron Carter Golden Striker Trio

Ron Carter, contrabajo. Russell Malone, guitarra. Donald Vega, piano
La oportunidad de ver en el escenario del teatro Isabel la Catolica al contrabajista Ron Carter es para cualquier aficionado a la música una ocasión irrepetible de reencontrarse con la propia historia del jazz. Su nombre aparece en 2.200 grabaciones, recibió una exquisita formación clásica, compartió gira con Cannonball Adderley y formó parte del histórico quinteto de Miles Davis pero también fue imprescindible para Chico Jamilton, Randy Weston , Lionel Hampton o Benny Golsson, por citar solo algunos músicos , de una lista interminable. Ha sido nombrado Doctor Honorario por numerosas y prestigiosas universidades y recibido el título de Commandeur de la Orden de las Artes y las Letras de Francia. Su talento como compositor le ha proporcionado varios Grammy y muchos cineastas como Bertrand Tavernier lo han reclamado en alguna de sus películas.
Ron Carter aun muestra su plenitud como uno de los más originales, prolíficos e influyentes bajistas de jazz, en posesión de una calidad inconfundible y de un tono robusto y vigoroso. En sus conciertos no solo muestra su virtuosismo sino su alma, su humanidad y una elegancia exquisita.

Domingo, 12 de noviembre
Zenet

Manuel Machado, trompeta. José Taboada, guitarra. Ove Larsson, trombón. Raúl Márquez, violín. Irvis Mendez, contrabajo. Jorge Vera, piano

Es un hombre razonablemente alto, con ayuda del sombrero, de tono ceniza, a juego con la americana, el pañuelo que asoma por el bolsillo superior izquierdo, el pantalón negro y las deportivas. Además de llevar dentro un indio secreto, podría ser napolitano, porteño, neoyorkino, barcelonés, madrileño. Yo por un tiempo creí que era de Barcelona, porque la primera vez que lo vi sobre un escenario fue en Barcelona y me pareció que tenía ese estilo urbano y moderno que siempre ha caracterizado a esa ciudad. Luego lo vi en el Café Central, de Madrid, enhebrado con el paisaje del Barrio de las Letras, y me pareció completamente madrileño en el mejor sentido la palabra que es el de la mezcla, el encuentro, el de ser todos de todas partes y encontrarnos bien aquí. Cuando supe que es de Málaga y por más señas del pedraleho, que se pronuncia más o menos así pero se escribe Pe-dre- ga-le- jo, lo entendí todo. Quien se ha criado entre el mar, la luz y el humo de los espetos –y otros- es por naturaleza luminoso, abierto, universal, como esos humos, esa luz, ese mar y esa música suya que seasoma al swing, al bolero, al son, la bossa, el blues, la bulería, el tango e incluso a la copla que, como dice Plácido Domingo, es una ópera en miniatura. Las canciones de Zenet tienen también algo de óperas en miniatura: en unos minutos pueden pasar muchas cosas tanto en la letra como en la música, que es música de aquí y de allá, nocturna y diurna, mediterránea y atlántica.

No lo hace solo. Lo entiende como un trabajo en equipo y ese equipo está siempre integrado por grandísimos músicos cuyos instrumentos también marcan el rumbo en las canciones: la guitarra de Taboada, el piano de Rivero, el violín de Raúl Márquez, el trombón de Larsson o la trompeta de Machado, el cubano shakespeariano que dijo eso de “si sucede conviene”. Él pone la argamasa de una estética, un estilo, una armonía que convierten su nombre en adjetivo para hablar de estética zenetiana, estilo zenetiano, armonía zenetiana y, en fin, música zenetiana. En su caso, las cosas si son como parecen: Toni Zenet es un género andante.

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