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TINTA FINA

La urna no está para bollos

Enrique Pérez (GRN)

Enrique Pérez (GRN)

Se podría decir, así, con esta expresión dado que entre horno y urna la diferencia es mínima, tan poca que los votos bien podrían haberse depositado en hornos y en lo que dura la jornada electoral se calientan, se doran, o se tuestan dependiendo de la hora en la que hayan introducido; es decir, los votos más tempraneros, (los de las primera hora de la mañana) cuando se saquen del horno estarán tostados que significa que son votos (en su mayoría) de pensionistas y personas mayores de quienes se adivina la papeleta más metida en los sobres en función de la zona geográfica del país; los votos dorados, o los introducidos entre el mediodía y las 7 de la tarde, son, probablemente, en su mayoría de los jóvenes (estudiantes o currantes) con inquietudes y los de la clase media activa que suele ser un voto bastante pensado y al mismo tiempo resignado; y por último, están los votos calientes que son los rezagados nada convencidos que entienden que es igual poner una papeleta que otra –“si después, lo mismo de mal lo hacen unos que otros, al menos ejerzo mí derecho y punto final”-pero cuando la urna no está para bollos hay que considerar que nos encontramos en una situación tensa, complicada, difícil y no conviene que forcemos más la situación, que no hagamos nada que pueda agravar más esa complicación o dificultad a pesar de los pesares, no conviene hacer experimentos con la urna porque puede explosionar y dar lugar a que se empeore la situación y nos lleve al estado del malestar.

Una cosa es provocar un revulsivo contra la corrupción y los políticos que la amparan y otra es pinchar el sistema fundiendo los fusibles del generador de energía.

Dicho esto, hay que añadir que será responsabilidad de los políticos el resultado que salga del horno porque en cualquier caso, habrán sido ellos los causantes del mismo, y si los votos no han cambiado el resultado de las últimas elecciones, es que no han sabido explicar bien al electorado la situación del país y los perjuicios que supone no ir a votar, votar al azar y votar con el sentimiento y no con la cabeza.

Todos sabemos, a estas alturas, que la urna no está para bollos y se entiende mejor con el ejemplo que puso Felipe González en su última intervención junto a su candidato cuando explicó (a cuenta del resultado de BREXIT) que Cameron incendió la casa para salvar los muebles; ahora ya no es reversible y seguro que muchos ciudadanos no sabían exactamente lo que estaban votando no siendo conscientes de los perjuicios; y, todo gracias a su primer ministro que ha terminado siendo un pirómano.

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