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TINTA FINA

Nada más que añadir

Enrique Pérez (GRN)

Enrique Pérez (GRN)

Está todo dicho, -no queda nada más que añadir- a ver si es que no estamos escuchando lo mismo machaconamente de boca de los políticos, y, sabemos que por la boca vive el pez que diría Fito y sus fitipaldis y, también, que son cansinos históricos como diría Mota.

Mayormente, “fantasmas políticos” que tienen su público y les compran todo; no hay más que verles en la turné que hacen en campaña recorriendo pueblos dándose baños de masas como si se tratara de estrellas del cine, del futbol o de la música.

Mucha gente que vota es, manifiestamente, inculta políticamente y son legión de ahí que en algunos territorios los resultados de las elecciones no castiguen al partido en el poder que lo ha hecho objetivamente mal y no se ha puesto una luz roja a la corrupción; ha pasado en Andalucía, en otras comunidades y en los gobiernos de España.

La tibieza con la corrupción ha sido, tiempo atrás y hasta hace un cuarto de hora, una luz verde que le daba paso y permitía que echara raíces;…y, de aquellos barros estos lodos.

Lo que hay, se ha gestado y parido por todos y ahora el engendro nos devora, ni más ni menos que las mareantes cifras de la corrupción apuntan que si no fuera por ella no habríamos padecido la crisis salvaje que todavía está en los rescoldos.

Esto lo piensa el común de los ciudadanos de este país y se acepta, en general, como una fuerza mayor como que ante ello no se puede luchar.

Tenemos que aceptar que somos un país corrupto disfrazado con un impermeable hábito de ética y estética que evita que nos calen las agua mayores de la corrupción.

Todo esto da lugar a los populismos que movilizan el desánimo y el hastío capaz de zarandear los cimientos de la democracia pero que no tienen la receta de la solución.

Por tanto, para empezar por el principio no se puede permitir que alguien haga de la política su oficio porque, inevitablemente, tarde o temprano se va a corromper y va a corromper todo lo que esté a su alrededor; un servidor público debe tener fecha de caducidad limitada por ley si no se marcha voluntariamente, una vez, cubierta una etapa de servicio al interés general.

Se puede hacer perfectamente, por supuesto que sí, solo habría que copiar los sistemas de los países más avanzados que nos llevan una ventaja abismal.

Podemos tirarlo todo a la basura o reciclarlo y renovarlo sacando el mejor provecho posible de prosperidad en este gran país de extraordinarios recursos, oportunidades y posibilidades; lo tenemos todo menos buenos gestores políticos y hay que hacérselo saber en las urnas aunque el menú de ofertas y líderes políticos no sea convincente, habría que decantarse por la menos perjudicial para la salud democrática, y, a partir de ahí exigir que trabajen por el interés común poniéndose de acuerdo y anteponiendo el interés general a intereses partidistas y particulares para formar un gran coalición estable que nos gobierne bien; a buen seguro, será la forma de superar la depresión y el estado de ansiedad general que nos viene embargando.

He dicho, y no tengo NADA MAS QUE AÑADIR.

@enriquepmarti

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