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Tinta fina

La brecha laboral

Enrique Pérez (GRN)

La diferencia entre hombres y mujeres en el mundo laboral es un caballo de batalla al trote que no permite ser cabalgado fácilmente.

Reducir la brecha hasta dejarla cosida no va a ser un logro de corto plazo sino una expectativa en el horizonte que parece alcanzarse lentamente.

En general, las mujeres demuestran ser más eficientes en el trabajo que los hombres y son una buena inversión para las empresas -sin duda-, y no solo en trabajos de alta cualificación, también en trabajos de media, poca o ninguna; es decir, (en general) nos ganan la partida en trabajos que, igualmente, pueden desempeñar hombres y mujeres.

Queda patente la superioridad femenina en cuanto a eficiencia y rendimiento; por tanto, no hay razón alguna para diferenciar el salario en favor de los hombres.
Todo radica en una cuestión de mentalidad antigua y caduca, que es la rémora de otras épocas en las que imperaba la masculinidad en toda su expresión, desmereciendo al llamado sexo débil.

Afortunadamente esos tiempos quedaran atrás y a base de picar piedra, las mujeres han conseguido diluir en gran medida la desigualdad con los hombres en muchos ámbitos y, ahora, la batalla está en el laboral que es un ámbito de discriminación clara entre sexos.

La mentalidad y la promoción e iniciativa tiene que ser, como siempre, de nuestros gobernantes que se afanen por eliminar las diferencias retributivas entre hombres y mujeres.

El techo de cristal, es una barrera más contra la que tienen que luchar las mujeres en el mundo de la empresa y los negocios siendo una limitación para aspirar a determinados niveles jerárquicos al margen de sus cualidades y méritos.

La invisibilidad del cristal, se hace visible cuando las mujeres acortan distancias con los altos niveles jerárquicos de una gran empresa y se les bloquea el avance en su ascensión profesional para ocupar cargos de máxima responsabilidad.

En Islandia es obligatorio que las empresas publiquen los salarios de sus empleados y prevé sanciones por incumplir la paridad salarial a las empresas de más de 25 empleados. Ya, parece que nuestros políticos están promoviendo iniciativas parecidas al modelo Islandés.

Recibir una retribución diferente por el mismo trabajo es una flagrante discriminación y un agravio comparativo que condiciona la vida laboral de la mujer.
Esperemos que los puntos de sutura para cerrar la brecha laboral se pongan, adecuadamente, sin riesgo a que se abran transcurrido el tiempo que dura una legislatura.

@enriquepmarti

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