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Ron Carter, un gigante del jazz homenajeado en el Festival de Granada

El contrabajista estadounidense recibió de manos del Alcalde Francisco Cuenca antes de comenzar su actuación la ‘Granada del festival’

Ron Carter siempre ha estado ahí, desde su primera grabación en 1960 de los varios miles de grabaciones que ha hecho, y a los ochenta años cumplidos sigue estando, con su figura alargada en el centro del escenario en el un primer y destacado plano visual no muy habitual para los instrumentistas del bajo. Su concierto estelar en el Festival de Jazz de Granada junto a la segunda versión del Golden Strike Trío puso de manifiesto su bonhomía personal y su gusto refinadísimo, tanto como su sentido de la belleza. Las entradas para su concierto se agotaron nada más ponerse a la venta y los espectadores del Teatro Isabel recibieron al veterano músico estadounidense con un gran aplauso, igual de cálido y entrañable como con el que le despidieron, completamente agradecidos por su sesión de sabiduría y elegancia.

El contrabajista estadounidense recibió de manos del Alcalde Francisco Cuenca antes de comenzar su actuación la ‘Granada del festival’, una pequeña joya en homenaje por su “larga trayectoria profesional, su calidad humana, su elegancia y por su vinculación a los festivales granadinos” en palabras del director del Festival Jesús Villalba. Un premio que se otorgará anualmente a en cada futura edición de las próximas ediciones.

Celebrando su aniversario, el incansable bajista ha publicado este año dos discos a su nombre, uno al frente de una Big Band y otro firmado por el GST, el tercero que se pude encontrar en cuatro años con esa marca, que comenzó con Russell Malone y Mulgrew Miller, y en su versión actual llega con el nicaragüense Donald Vega ante el piano en lugar del primero. El nombre de la banda proviene de una canción firmada por el también pianista John Lewis, y su puesta en escena recordaba la sobriedad clásica de su Modern Jazz Quartet.

Siguiendo la tradición del jazz más clásico salieron con trajes oscuros y corbatas a juego y optaron por una imagen en penumbra para su versión de jazz de cámara. Son un trío sin batería en el que el peso rítmico la lleva el guitarrista. La apertura con ‘Cedar Tree’ mostró toda la técnica de Carter, sus largos y ágiles dedos trabajando, con una variedad de rasgueos y dobles paradas, y figuras resonantes. Pero la técnica siempre estuvo al servicio de la música y la banda cultiva por encima de todo la interacción entre los tres, rezumando swing y blues y una emocionalidad inmensa bordeando el silencio. ‘Samba de Orfeu’ sirvió para recordar a Jobim y la baladísima ‘Candle light’ a

Jim Hall, con el contrabajo como primera voz solista.
Aunque Ron Carter no suele hacer bises y realiza conciertos seguidos, tal fue la ovación que recibió tras una rigurosa ‘My funny valentine’ y la pieza fundacional de John Lewis que optó por retrasar la despedida y regalar la vibrante ‘Soft Winds’, con su animoso ritmo de escena de cine mudo para mayor lucimiento de Vega y contagiar su alegría al fin de fiesta.

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