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El proyecto “la fiesta de la parva de Pórtugos” consigue el premio nacional de Amuparna

La asociación de Municipios con Parques Nacionales de España reconoce con el premio Amuparna 2017 de experiencia sostenible al pueblo alpujarreño de Pórtugos

La asociación de Municipios con Parques Nacionales de España se ha reunido este fin de semana en el Parque Nacional Sierra de Guadarrama, para celebrar su asamblea, en la que además de las numerosas actividades, se han presentado las experiencias sostenibles de cinco municipios: Pórtugos del P.N. Sierra Nevada; Real Sitio de San Ildefonso, El Espinar y Miraflores de la Sierra del P.N. Sierra de Guadarrama y Aznalcázar del P.N. Doñana.

El proyecto de “la fiesta de la Parva de Pórtugos” ha recibido el premio Amuparna 2017 en reconocimiento al saber utilizar sus actividades tradicionales, su cultural local y sus recursos para dar identidad a su municipio, conservando el paisaje y el entorno, ya que este municipio Alpujarreño se encuentra situado en la Alpujarra Media Granadina, en la vertiente sur de Sierra Nevada, siendo Bien de Interés Cultural y Parque Natural y Nacional de Sierra Nevada.

Durante el acto, Jesús Fernández Rega ha presentado un vídeo de promoción, que subraya la importancia de utilizar el patrimonio agrícola y medioambiental como recurso para el desarrollo sostenible del municipio.

El alcalde de Pórtugos, Javier Vázquez ha explicado que “este proyecto lleva más de 25 años elaborándose, cada vez con más visitantes y repercusión” y ha añadido que “se realiza en la Era de Abajo, como tributo a una labor casi desaparecida y que no ha de quedar en el olvido por las valiosas funciones que cumplía” entre las que ha destacado “la conservación del paisaje y los recursos naturales y recuperación de entornos naturales degradados, funciones económicas, sociales y culturales” por lo que “poner el Ayuntamiento está poniendo en valor nuestro legado agrícola para atraer un turismo sostenible que dinamice la economía del pueblo”.

Vázquez, ha animado a todos los asistentes a la asamblea a “conocer Pórtugos, a entrar en el pueblo y ver sus calles y tinaos, la fuente de churriana, sus eras y compartir experiencias con sus gentes, para finalizar en la fuente agria disfrutando de un entorno muy especial”.

El próximo año el Parque Nacional de Sierra Nevada acogerá la asamblea de Amuparna.

La fiesta de la parva
Antiguamente, en Pórtugos se trillaba mucho en las eras de Arriba y Abajo y en las de la Cruz. En el día de Santiago, en el Ayuntamiento se echaban los números para sortear los turnos de trilla. Había familias que recogían 100 fanegas de trigo, o lo que es lo mismo, 4.200 kilogramos de grano. La trilla era un trabajo muy laborioso. Quemaba hasta el aliento. La siega del trigo se hacía con una hoz corta y curva con empuñadura de madera. Los dedos de la mano izquierda se protegían con unos dediles de cuero. Los encorvados y sudorosos segadores bebían agua cada dos por tres para refrescarse. Con manojos de tallos de trigo se hacían los vencejos para atar las gavillas. Después, tenía lugar la barcina para transportarlas a la era. A las parvas acudían muchos labradores a ayudar. Unos hacían el trabajo a torna de peón, es decir, hoy por ti y mañana por mí, para que no corriera el dinero. Las coplas afloraban en estos rudos quehaceres.

Después de que las mieses eran descargadas en la era se procedía a distribuir las gavillas sobre el suelo formando un círculo, constituyendo lo que se llama la parva. A partir de entonces comenzaba la trilla, primero mediante un pisoteo de los mulos para aplastar la parva y luego con la ayuda de un rulo o trillo que conseguía triturar la paja y sacar a las semillas de su envoltura.

Lo siguiente era aventar, es decir, lanzar hacia arriba la mezcla de semillas y paja que dejó la trilla, para que el viento las separe por su diferencia de peso. Por este motivo las eras se construían en lugares expuestos y aireados. Este trabajo a veces se convertía en pesado e interminable, sobre todo cuando el viento no hacía acto de presencia o era cambiante. Para estos casos, una pequeña banderola de tela colocada en un borde de la era tenía gran utilidad, ya que desde la preciada y escasa sombra que otorgaba la pared del cortijo o un árbol cercano, y junto a un buen y fresco botijo, se comprobaba si había un viento propicio.

Para finalizar sólo quedaba poner a buen recaudo el fruto del trabajo, el grano a los atrojes y la paja al pajar. Animales y hombres obtenían la recompensa a su duro trabajo.

Tras las dos jornadas de intenso trabajo que solía requerir todo el proceso, no había descanso posible ya que era necesario comenzar de nuevo hasta completar toda la cosecha.

Antiguamente, sin embargo, era una ceremonia singular la labor agrícola de la siega, la trilla, la barcina, la parva y el aventado del trigo. Una tradición acompañada de la fiesta campesina, en donde se agradecía a la tierra por los frutos recibidos, y al sol por hacer madurar las espigas.

En los días de parva, por la mañana se solía tomar aguardiente, un trozo de tocino con magro y bacalao con tomate. Al medio día, entre sudor y picores, le tocaba el turno al cocido de garbanzos con huesos de espinazo y carne de jamón, habichuelas, patatas y, para refrescarse, gazpacho o pipirrana. Aún hoy, en las viviendas de Pórtugos se cocina caseramente como antes.

Tanto la siega a mano, con hoz, como único medio de recolección de los cereales, como la posterior trilla de las mieses en las eras, ponía fin a las labores de recolección de cereales, cuyos preparativos se habían iniciado el otoño anterior con la siembra. No es de extrañar, por tanto, que en torno a esta actividad tuviera lugar todo un ritual y actos, con los que se festejaban la feliz consecución de la deseada cosecha.

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